Celeste y blanca

El pasado sábado en la Cuidad de La Plata arrancó frió, como en gran parte de nuestra hermosa Argentina. Fue el día de la bandera. 20 de junio. 115 años ondeaban en cada kilómetro del suelo argentino calentando las almas de la historia argentina. En Entre Ríos, el celeste y blanco entonaba perfecto  con la celebración. Y el handball no era la excepción en el festejo patrio.

La selección conducida por Dady Gallardo va preparando el camino que los llevará al Panamericano de Toronto, el cual tendrá su primer día de competencia desde el viernes 10 de julio y se extenderá hasta el 26 del mismo mes.

Festeje chino que Argentina es olímpica

Los Gladiadores aun saborean el histórico triunfo conseguido aquel 24 de octubre de 2011 en Guadalajara. Con un equipo encendido en todo momento, sin claudicar, y cerrando el partido con la número 3 de mano en mano, Argentina lograba su sexta medalla panamericana y la número 15 para el país en tierras mexicanas. La víctima era el conjunto dirigido por Jorge Cuesta, que en ningún momento se creyó victorioso y a pesar de acercarse varias veces en el marcador no logró emparejar el trámite del encuentro. Todo un plantel festejaba. La clasificación a Londres 2012 estaba bajo llave. Argentina se colgaba una nueva medalla dorada y descansaba pensando en el lento conteo del Big Ben londinense.

Casi cuatro años después, esta vez en Canadá, la selección tiene en mente conseguir su segunda plaza Olímpica. Brasil será el anfitrión en 2016, allanando el camino de la celeste y blanca que tiene grandes expectativas de gritar campeón sin la participación del archirival continental.

El handball nacional está viviendo un momento de alegría. Después del histórico empate contra Dinamarca (24-24) en el último mundial, y la victoria ante Rusia para clasificar a octavos de final, los jugadores se ilusionan con un lugar en la mayor cita del deporte.

   “Vinimos preparados para dar el batacazo”, vaticinaba Federico Pizarro, el zurdo de Sedalo, días previos al debut mundialista en el cual Argentina lograría por tercera vez en su historia la clasificación a octavos de final.

A pesar de que aún no está definida la lista que partirá rumbo a una nueva edición del panamericano, se especula que el equipo sea muy similar al mundial disputado en suelo catarí, el pasado mes de enero.

Con el Chino Simonet en un momento clave de su carrera, elegido como mejor central de la liga francesa por segunda vez consecutiva, y varios argentinos compitiendo en las mejores ligas del mundo, los Gladiadores quieren dar la noticia. Y tienen con qué.

El jugador del Montpellier cuenta con un grupo de hombres que admiran su juego, tanto como nosotros el de ellos. Gonzalo Carou y Federico Vieyra son nuevos refuerzos del Ademar León. Julián Souto Cueto, ex SAG Ballester, viene de gritar campeón con Taubaté en el último Panamericano de Clubes. Por su parte, Matías Schütz, figura en aquella recordada final, llega a Toronto habiendo sido campeón con el Nantes en la Copa Francesa. Sebastián Simonet logró, junto con el menor de los hermanos, el ascenso a la LNH 1. Todos llegan con una historia que contar.

Las estadísticas se amigan con el juego celeste y blanco dentro de los 40 x 20. Los Gladiadores pisan fuerte. Cada uno en su liga, cada cual con su objetivo. Pero lo más importante es que a la hora de jugar juntos han demostrado conocerse muy bien y disfrutar del que tienen al lado. Motivos varios para ilusionarse y soñar con la segunda clasificación a un Juego Olímpico.

El horizonte está clarificando, el camino aún conserva las huellas del empate sobre Hansen, Mogensen y compañía. La victoria sobre Rusia, con Atman y Timur Divirov en cancha. Se oyen las voces. Un equipo con alma y corazón se está gestando. Un grupo de gladiadores que ya pide a gritos, ser parte de la elite mundial.

                                                                                                                     

                                                                                                                                   Nicolás Barbieri