De tal palo, tal astilla

Toda la vida a Cristian le habían dicho que era idéntico a su papá cuando este era joven. Alto (más de 1,85), zurdo tanto de brazo como de pie. Rubio con característicos rasgos nórdicos, pero con alma y costumbres típicas de cualquiera chico de barrio argentino.

Las juntadas y asados con sus mejores amigos que vivían a pocas cuadras de su casa, su fanatismo por el fútbol y su Racing querido, los mates y desayunos con su mamá antes de irse al colegio. Pero sin dudas lo que más lo hacían idéntico a Gustavo, su padre, era su pasión por el deporte que ambos comenzaron a practicar a los 10 años: el handball.

Corría el año 1979 y un Gustavo niño, que asistía a un colegio donde practicaban el deporte en la clase de educación física, supo que en su ciudad había un club en el cual varios de sus compañeros y amigos jugaban y entrenaban handball. Sin pensarlo dos veces esa noche en la cena familiar les dijo a sus padres cuál quería que fuera su regalo de cumpleaños número 10: Empezar a jugar al balonmano en Atlético 25 de Mayo.

Osvaldo, futbolista de pura cepa, no entendía mucho de que se trataba este deporte casi desconocido en el país, fuera de los colegios y los clubes tradicionales, durante ese tiempo. Pero al ser descendiente de atletas y de familia de deportistas entendía la necesidad de incentivar a su hijo a practicarlo.

60 días después Gustavo se encontraba jugando en Infantiles para 25 de Mayo. Pasó a ser su segunda casa, donde a veces pasaba incluso más tiempo que en su hogar. Conoció a varias personas que cambiaron su vida. Vivió ascensos, descensos, campeonatos, situaciones de crisis: Como cuando el club estuvo en quiebra por la hiperinflación y a punto de cerrar. Pero sin dudas la persona que le dio un giro a su vida para siempre y a la cuál conoció, paradójicamente, un 25 de Mayo de 1994, fue Marcela.

Central, diestra, con miles de recursos como roscas y tendidas mágicas que hacían delirar a la tribuna local, enamoró casi al instante a Gustavo. Se casaron dos años después e hicieron una gran fiesta en el club donde asistieron todos los jugadores de inferiores y los equipos de mayores, así como también los socios de los otros deportes ya que todos colaboraban en las actividades del club.

Nueve meses después llegó a este mundo Cristian. El 25 de Mayo se vivió como un enorme acontecimiento, tanto es así que en la entrada el presidente del club, el padre de Marcela, colgó un pasacalle de felicitaciones. Además entre los compañeros y compañeras de equipo de ambos juntaron dinero y les regalaron la cuna y el cochecito para su hijo.

Uno de los días más felices de la vida de Gustavo fue cuando Cristian, que desde que aprendió a gatear lo iba a ver jugar, le dijo que quería empezar a entrenar en el club. Pasaron torneos, campeonatos, viajes con los padres de los chicos los sábados a las 8 de la mañana a la otra punta del AMBA para ver la tira de inferiores, festejos, tristezas y años cargados de handball.

Cris, que ya tenía 20 años y se encontraba en proceso de citación para la Selección Nacional, estaba nervioso porque ese día jugaban el último partido del Apertura frente al clásico rival de la ciudad vecina, Sportivo Mitre, y si ganaban eran campeones. Durante años había visto los memorables partidos que su papá había disputado frente a ellos, con varias decepciones y también victorias históricas.

Jugaban de local, pero igual se levantó muy temprano ese sábado. Cuando fue hasta el living para ver la televisión e intentar despejarse un poco, se sorprendió al ver que Gustavo estaba mirando sus videos de cuando jugaba en infantiles. Su papá al verlo le dijo que sabía que estaba nervioso, porque él también lo estaba. Pero quería que recordara lo feliz y divertido que era cuando jugaba a los 10 años y que se tomara las cosas con calma esa tarde.

Le recordó que lo lindo del handball es que siempre da revancha, y que no importaba el resultado ni como salieran en el partido. Lo importante era compartir esa pasión rodeado de sus amigos, su familia y la gente del club. –La vida se trata de eso hijo, disfrutar de las pequeñas cosas que nos dan felicidad y alegría- le dijo.

Esa tarde Atlético 25 de Mayo sumó un nuevo título en Juniors, al ganarle a Sportivo Mitre por 25-20. Cristian salió goleador con 9 tantos y una semana después quedó entre los 16 convocados que irían al mundial a disputarse en Polonia…

Esta historia es una de las muchas que día a día se dan entre padres e hijos que comparten la hermosa pasión del handball, el deporte que tanto amamos y queremos.

Para los que están con nosotros ya sea física o espiritualmente y que nos inculcaron el amor a esto tan lindo que es el balonmano o el deporte en general, o simplemente nos bancaron cada vez que viajamos y volvíamos tarde de jugar, entrenar o competir. Siempre presentes para alentarnos y siendo nuestros fans número 1.

Desde Balonmano a tus pies les queremos desear un muy feliz día del padre!!

Por Sebastían Gómez Bustos.